Este 26 de noviembre cumple 171 años y a simple vista parece común, así, a relieve, puedes pensar que es tranquilo, que adormece, que lo domina la quietud, pero Unión de Reyes es mucho más que eso, cuesta poco enamorarse de este pueblo, y mucho, salirse de él, sin llevarse en un bolsillo los recuerdos.
Aquí, el abuelo de mi abuelo viajó por primera vez gracias al gran camino de hierro, y al llegar a estos parajes, sin dudas, fue uno de los tantos viajeros que pidió que lo dejaran en la Unión de los hermanos Reyes, o como se decía entonces, en la Unión de los Reyes, sin sospechar siquiera, que poco a poco, legaban un nombre a este pueblo centenario.
Aquí, aún se siente la rumba de Malanga, la poesía eterna de Justo Vega y Fernando García González, la gracia de Eloísa Álvarez Guedez, el teclear de Regino Pedroso y Estorino, la estirpe de Juan Gualberto Gómez y la inconfundible voz de Pablo Quevedo.
Estos 171 años de vida, no disimulan la lozanía de este pueblo noble y trabajador. Hombres y mujeres del campo que construyen con sus resultados, nuevas historias que esculpir en el libro sagrado de esta tierra fértil y bendecida.
Unión de Reyes, encuentra sus hijos entre los nativos y los adoptados, los que ya no están, los que se asentaron lejos, y los que aún se cobijan en las sombras de los árboles de su céntrico paseo, testigo de amores y desamores. Puedes leerlo si quieres, está aquí, en su capítulo 171, el que se escribe hoy. Felicidades Unión.

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